Agresión a compañero de trabajo como respuesta de insultos raciales no configura la procedencia automática del despido

Agresión a compañero de trabajo como respuesta de insultos raciales no configura la procedencia automática del despido

Al conocer del caso de un trabajador que había sido despedido luego de haber sido objeto de discriminación racial por un colega, la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia precisó el alcance de las agresiones como respuesta a insultos racionales en el marco de la terminación del contrato de trabajo.

En este caso tanto el trabajador agresor como el agredido demandante fueron despedidos.

Consideraciones de la Corte Suprema de Justicia

Recordó la Sala en primer lugar que el despido

no es en sí mismo una sanción disciplinaria que requiera de un determinado procedimiento previo, a menos de que el empleador así lo prevea o que las partes lo acuerden a través de la negociación colectiva», en razón a que, aquél, conlleva la finalización del vínculo, porque el empleador en ejercicio de la potestad discrecional, prescinde de los servicios del empleado, porque no quiere seguir atado jurídica ni contractualmente a él, mientras que la sanción presupone la vigencia de la relación laboral y la continuidad de esta.

Dicho lo anterior la Corte agregó que la calificación de los actos de violencia o injuria en los que incurre un trabajador en ejecución de sus labores, como causal justificativa para terminar el contrato de trabajo, de conformidad con el numeral 2° del literal a del artículo 62 del CST, no precisa del análisis sobre la gravedad del suceso, en tanto que esa calificación, el legislador la reservó a los hechos de indisciplina o a los de violencia mismos, pero ocurridos en escenarios diferentes a los laborales.

La Sala de Casación Laboral reprochó que en este caso el empleador hubiese despedido a ambos trabajadores “sin determinar, en perspectiva del test de igualdad referenciado en la jurisprudencia en cita, si los dos infractores del reglamento interno, se encontraban en igualdad de condiciones y, menos, sin advertir en que el agraviado en su derecho a la igualdad, tenía en su favor, una garantía de reparación”.

Lo último, cumple precisarlo, no justifica en modo alguno la conducta del trabajador de agredir físicamente a su compañero, como respuesta a la conducta discriminatoria e insultante de éste; empero, plantea un escenario esclarecedor, relacionado con las obligaciones del empleador, respecto del derecho a la igualdad, pues en la potestad que le es propia, debía censurar el acto antijurídico del ofensor y tomar decisiones razonables, que respondieran a las particularidades del caso, a las obligaciones que para él emergían, relacionados con el principio en comento y la posición de garantía que surgía en favor del afectado.

Si bien la Corte no desconoce que las agresiones -físicas o verbales- entre trabajadores constituyen justa causa para terminar el vínculo laboral, señaló que

es menester que, primero, el empleador valore en cada evento concreto, no solo el elemento subjetivo de la conducta del trabajador que responde a esa agresión, sino también, conforme la regla de justicia desarrollada por la última sentencia referida, la componente discriminatoria por razones de raza del comportamiento del ofensor y, segundo, que el juez del trabajo, también efectúe el estudio del conflicto, en perspectiva de la regla que prohíbe los actos discriminatorios por razones del color de la piel.

Consulte aquí el documento: CSJ-SCL-EXP2020-N69106-SL2850_Sentencia_20200727

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