Contribuyentes que lleven la contabilidad por el sistema de causación podrán deducir las deudas respecto de las cuales existan razones para considerarlas como manifiestamente perdidas

Contribuyentes que lleven la contabilidad por el sistema de causación podrán deducir las deudas respecto de las cuales existan razones para considerarlas como manifiestamente perdidas

Así lo señaló la Sección Cuarta del Consejo de Estado al conocer de la demanda de nulidad y restablecimiento del derecho promovida en contra de una liquidación oficial de revisión emitida por la DIAN.

Consideraciones del Consejo de Estado

En primer lugar la Sala reseñó que el Estatuto Tributario prevé la posibilidad de que los contribuyentes deduzcan de la renta bruta una provisión para deudas de difícil cobro y, además, el castigo o eliminación contable de aquellos créditos que sean definitivamente incobrables o perdidos, en la medida en que se hayan llevado a cabo gestiones suficientes para considerarlos como tales.

La deducción por deudas manifiestamente perdidas o sin valor fue regulada por el artículo 61 del Decreto 2053 de 1974, posteriormente incluido como artículo 146 del Estatuto Tributario:

Artículo 146. Deducción por deudas manifiestamente perdidas o sin valor. Son deducibles para los contribuyentes que lleven contabilidad por el sistema de causación, las deudas manifiestamente perdidas o sin valor que se hayan descargado durante el año o período gravable, siempre que se demuestre la realidad de la deuda, se justifique su descargo y se pruebe que se ha originado en operaciones productoras de renta. Cuando se establezca que una deuda es cobrable sólo en parte, puede aceptarse la cantidad correspondiente a la parte no cobrable. Cuando los contribuyentes no lleven la contabilidad indicada, tienen derecho a esta deducción conservando el documento concerniente a la deuda con constancia de su anulación.

De conformidad con la norma transcrita la Sección Cuarta señaló que

el contribuyente que lleve la contabilidad por el sistema de causación puede deducir las deudas respecto de las cuales, al momento del descargo de las cuentas por cobrar, existan serias razones para considerarlas como “manifiestamente perdidas o sin valor”. Es decir, créditos frente a los que es improbable que en el futuro se recupere su valor. Además, ese descargo o abono en la cuenta por cobrar debe tener como contrapartida contable un débito a una cuenta del gasto, noción equivalente al término deducción en el impuesto sobre la renta.

La definición de este tipo de deudas y los requisitos para su deducción fueron reglamentados en los artículos 79 y 80 del Decreto 187 de 1975 (actualmente recogidas en los artículos 1.2.1.18.23 y 1.2.1.18.24, respectivamente, del Decreto 1625 de 2016).

La deducción de la cartera perdida o sin valor supone no solo la existencia de la cartera y los requisitos generales, sino prueba de las razones para considerarla como perdida o sin valor[1], de manera que debe demostrarse la incobrabilidad de la deuda.

Consulte aquí el documento: CE-SEC4-EXP2020-N23463_00028-01_Nulidad-Restab_20200903