Cuatro son los requisitos para predicar el rompimiento del equilibrio económico del contrato por causas exógenas

Cuatro son los requisitos para predicar el rompimiento del equilibrio económico del contrato por causas exógenas

En una sentencia en la que se analizó el restablecimiento del equilibrio económico de un contrato celebrado por el Ministerio de Defensa, aduciendo el contratista sobrecostos que le imposibilitaban ejecutar el negocio jurídico en las condiciones iniciales, la Sección Tercera del Consejo de Estado tuvo oportunidad de explicar cuáles son los cuatro requisitos para predicar -por causas externas- la aplicación de esta figura.

Consideraciones del Consejo de Estado

La Sección Tercera señaló que las condiciones originales del contrato se deben mantener siempre y cuando se conserve durante la etapa de ejecución o cumplimiento la situación de cargas y beneficios que soportaban las partes en el momento de su celebración,

pero no se puede ni debe mantener, cuando esa situación sufre modificaciones entre el momento en que se trabó la relación negocial y una época posterior durante la ejecución del contrato; con fundamento en dicho principio [refiriéndose el Consejo de Estado al principio del rebus sic stantibus], se abrió paso el derecho de la parte afectada por una situación imprevista y sobreviniente durante la ejecución de las prestaciones, a que se le restablezca la ecuación contractual, cuando haya sido gravemente afectada.

Recordó de igual forma la Sala que

el equilibrio económico del contrato puede verse afectado por diversas causas, provenientes de la Administración contratante o exógenas a las partes del negocio jurídico que, si bien no corresponden a eventos de responsabilidad culposa en el ámbito de la contratación, sí dan lugar a reconocimientos económicos a favor de la parte afectada, en aras de restablecer el balance de la ecuación contractual que surgió al momento de celebrarse el negocio jurídico, cuando se consideraron equivalentes las prestaciones pactadas a cargo de las partes.

Causas exógenas que rompen el equilibrio económico del contrato

Dentro de esta categoría, destaca el Consejo de Estado, se hallan los eventos que pueden ser clasificados dentro de la teoría de la imprevisión, la cual se presenta cuando hechos extraordinarios, ajenos a las partes, sobrevinientes a la celebración del contrato y que se presentan durante su ejecución, que no eran razonablemente previsibles cuando se suscribió el acuerdo de voluntades, afectan de manera grave el cumplimiento de las obligaciones, haciéndolo mucho más gravoso para una de ellas.

En tal sentido la Sala manifestó que a efectos de que se pueda predicar este evento de rompimiento del equilibrio económico del contrato, que dé lugar al reconocimiento de los mayores costos a favor de la parte afectada, se deben reunir ciertos requisitos:

1)  Que, con posterioridad a la celebración del contrato, se presente un hecho ajeno a las partes, no atribuible a ninguna de ellas;

2)  Que ese hecho altere de manera anormal y grave la ecuación económica del contrato, es decir, que constituya un álea extraordinaria;

3)  Que esa nueva circunstancia sea imprevista y no hubiera podido ser razonablemente previsible por las partes;

4)  Que esa circunstancia imprevista, dificulte la ejecución del contrato haciéndolo mucho más oneroso, pero no la imposibilite.

Una de las notas características de esta teoría, señala la Sala, es que el hecho que afecte de manera grave y significativa la ecuación contractual sea ajeno a las partes, es decir, que no provenga ni le sea imputable a ninguna de ellas; pero así mismo, tiene que ser extraordinario, imprevisto e imprevisible, presentarse luego de celebrado el contrato y producir una excesiva onerosidad.

Cuando se reúnen estas características y se presentan sobrecostos exagerados para una de las partes en la ejecución de las prestaciones a su cargo, hay lugar a restablecer la ecuación contractual, mediante el reconocimiento de los mayores costos en los que hubiere incurrido la parte afectada, es decir, como lo establece la ley, llevarlo a un punto de no pérdida -inciso 2, artículo 5, Ley 80 de 1993-.

Significa lo anterior, que no basta alegar y comprobar la existencia de cualquier clase de sobrecostos en la ejecución de las prestaciones a cargo de una de las partes, pues se halla de por medio el alea normal de todo contrato junto con los riesgos que asumen cada una de ellas, que puede redundar en mayores o menores resultados económicos. Por esto, aún si se demuestra la excesiva onerosidad, ello no será suficiente para obtener la prosperidad de las pretensiones de restablecimiento, si no se acreditan todos los demás elementos exigidos para la configuración del rompimiento del equilibrio económico del contrato en cualquiera de sus modalidades, en los términos explicados.

Consulte aquí el documento: CE-SEC3-EXP2020-N46057_03354-01_Contractual_20200813

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