El indicio de familiaridad no puede reducirse a la prueba del estado civil de las personas

El indicio de familiaridad no puede reducirse a la prueba del estado civil de las personas

Así lo recordó la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia al estudiar el caso de una presunta simulación ocurrida en el marco de un contrato de compraventa celebrado entre familiares.

Consideraciones de la Corte Suprema de Justicia

En lo que atañe al indicio de familiaridad, la Sala precisó que éste no puede verse reducido a una simple contemplación formal o solemne como lo es la prueba del estado civil de las personas.

El problema, entonces, es de la prueba de los vínculos civiles y biológicos entre las partes, mas no de los hechos que los configuran. Aquello, lo alegado en el cargo, no interesa al resultado del proceso, de ahí que en ninguna falta de contemplación jurídica se puede imputar al juzgador, pues el debate no gira alrededor de un estado civil ni de las consecuencias jurídicas que del mismo se derivan, pero sí de la familiaridad como elemento indicativo del propósito simulatorio o de hechos estructurales de los efectos del estado civil.

Justamente, sostiene la Corte:

El indicio como prueba indirecta, no se edifica en la solemnidad o formalidad del hecho indicante, sino en la fuerza o el vigor con que de los elementos indiciarios  conocidos y probados, puede llegarse por vía del razonamiento a los hechos desconocidos.

Así las cosas, de cara a establecer la existencia de simulación contractual, para la Sala

«una cosa es probar el estado civil y otra una relación de la cual se pueda inferir la seguridad que suele buscarse para celebrar los negocios simulados, en que debe existir en el ánimo de los celebrantes mucha confianza. Quizás podría decirse, entonces, que la confesión no prueba el estado civil pero sí la familiaridad, que en últimas es la que constituye el indicio de simulación’ (Sentencia de casación de abril 26 de 1983)».

Este razonamiento diferencial del alto tribunal se explica en que la medida en que “la prueba del estado civil, efectivamente solemne, por ende, restrictiva, es distinta de los hechos configurativos del mismo, de ahí que, en función de demostrarlos no puede existir limitación probatoria”.

De cara al caso concreto analizado por la Corte se procedió a declarar la simulación del contrato “no por ser prohibidas las negociaciones entre parientes, sino porque el hecho indicador, la familiaridad, la mostraba, al decir del ad-quem, vista la «concordancia y convergencia de los indicios cuyos hechos señalados fueron establecidos»”.

La importancia de la prueba indiciaria en materia de simulación

Como las circunstancias que rodean las negociaciones que anteceden un negocio simulado generalmente no son conocidas, sino que se mantienen ocultas en el ámbito privado de los contratantes, para la Corte Suprema de Justicia

es de esperarse que no se hayan dejado mayores vestigios de su existencia; de ahí la dificultad de demostrarlas mediante probanzas directas. No obstante, las máximas de la experiencia constituyen un mecanismo eficaz e irreemplazable a fin de determinar la presencia de ese negocio secreto (…).

«(…) En ese orden, es la prueba indiciaria, sin lugar a dudas, uno de los medios más valiosos para descubrir la irrealidad del acto simulado y la verdadera intención de los negociantes, del cual el artículo 248 de la normatividad adjetiva estatuye que ‘para que un hecho pueda considerarse como indicio, deberá estar debidamente probado en el proceso’ y por su parte el 250 de la misma obra señala que su apreciación debe hacerse en conjunto, teniendo en consideración su ‘gravedad, concordancia y convergencia y su relación con las demás pruebas que obren en el proceso’.

Consulte aquí el documento: sent-sc-34672020(200400247011)-20